viernes, 20 de marzo de 2020

Ahora que tenemos "tiempo"

Es muy difícil referirse a uno mismo sin hacer referencia al tiempo, sin indicaciones cronológicas resultamos inexpresables, echamos mano de él para hablar de nosotros mismos, ello supone que es un concepto que nos resulta conocido y familiar, sin embargo es muy complicado definirlo. Decía Agustín de Hipona que “sé lo que es el tiempo mientras no me lo preguntan” mientras no necesito demostrar que lo sé. Para definir un concepto hay que fijarlo, y la dificultad de definir el tiempo estriba en que este no se deja fijar, no hay forma de verlo “quieto”. Cuando pretendemos fijar el tiempo en su “ahora” lo que conseguimos es analizar un “ahora” que ya no es, pasó, o prevenir un “ahora” que todavía no llegó. No obstante sabemos que vivimos el presente, y que “ahora” es precisamente ahora, no más pronto ni más tarde, lo sabemos, en cambio “pensarlo” nos resulta “complicado”. 
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Aristóteles en su Física ligó la noción de “tiempo” a la de “movimiento” de cualquier tipo (desplazamiento, modificación de estado). Según él donde nada pueda pasar no podrá hablarse de “tiempo”, y por ello las verdades lógicas o matemáticas están fuera del tiempo. A pesar de la dificultad para pensarlo, los humanos hemos ingeniado muy diversas maneras para establecer su paso porque sin esas “medidas” comunes para el tiempo se nos haría imposible establecer unanimidades/pautas socialmente imprescindibles para el mejor funcionamiento de la comunidad. Aún así intuimos que existe un tiempo independiente de cualquier convención humana, que repartimos en tres grandes zonas: presente, pasado y futuro. Los remordimientos del pasado o las incertidumbres del futuro pueden pudrirnos el ahora en el que efectivamente vivimos, pero la vida sucede sólo en el presente y fuera del presente nada es del todo real, sin embargo casi nunca pensamos en el instante en que vivimos, si no en el que viviremos, y nos empeñamos en vivir en lo venidero y no en el ahora. Y esto sucede no sólo a nivel individual, pueblos y colectividades sacrifican su presente empeñándose en reparar o vengar agravios pretéritos (disputas territoriales, nacionalismos…), o sacrifican a las generaciones actuales en nombre del bienestar de las futuras (¿por qué ese incierto bienestar futuro que se persigue ha de ser preferible al de nuestros contemporáneos?). Quizás lo que sucede es que pasado y futuro no resultan tan ajenos al presente y como explicaba San Agustín existe un presente de las cosas pasadas, la memoria, un presente de las cosas presentes, la percepción, y un presente de las cosas futuras, la espera. Aun admitiendo el planteamiento del santo, lo que sí podemos afirmar es que nuestra relación con el pasado no es simétrica a la que guardamos con el futuro. En el pasado está lo conocido y que ya no podemos modificar, pero si tener en cuenta para el futuro, sobre cuyo devenir influirán nuestras acciones. No obstante han existido varias corrientes filosóficas (los estoicos por ejemplo) que negaban este planteamiento y creían en el destino sosteniendo que todos los acontecimientos futuros estaban determinados desde siempre al igual que los pasados. La vida sería como una tela pintada que vamos desenrollando y conociendo a medida que la vemos, pero sobre la que no podemos actuar ni añadir nada. Esta forma de negación del futuro puede que se deba a una concepción “espacial” del tiempo que, con independencia de nuestra posición respecto al destino, solemos adoptar en mayoría; tendemos a ver pasar el tiempo por nosotros como nosotros por el espacio, pero probablemente este sea un error en el enfoque del problema, debido a nuestra “humanidad”, a nuestra propia escala frente al tiempo, a nuestro exacerbado antropocentrismo, y seguramente a nuestro desconocimiento de la física. No pasa el tiempo por nosotros, si no nosotros por el tiempo, somos los que lo atravesamos. 

Existen más diferencias esenciales entre el movimiento en el espacio y el pasar del tiempo, una de las más notables es que en cada lugar del espacio sólo puede encontrarse un cuerpo, mientras que en cada lugar del tiempo se hallan todos los cuerpos contemporáneos. Tampoco viajar en el tiempo sería nunca como trasladarse espacialmente hacia adelante o hacia atrás, además de los diversos absurdos paradójicos que se propiciarían y de los que tenemos ejemplos en infinidad de películas, me gustaría compartir uno que me ha llamado mucho la atención y que no conocía hasta el momento de preparar esta entrada: cualquier desplazamiento temporal implicaría también un lapso de tiempo, por breve que fuese, que no sabríamos cómo computar porque temporalmente no estaríamos en ningún sitio, podríamos decir que estamos en nuestro presente en ese momento, pero ¿dónde estaría ese nuestro presente en el tiempo?...y es que según parece el tiempo no está ahí como el espacio para que lo recorramos, si no que más bien al tiempo “lo llevamos puesto”. En el espacio podemos explorar lo desconocido y dar con aquello que no sabíamos que estaba allí, pero sólo en el tiempo podemos generar lo que imaginamos, en el tiempo creamos, en el espacio descubrimos.

Queremos suponer que el tiempo pasa, pero en realidad el tiempo está siempre ahí, ni aumenta ni disminuye, lo que transcurre y decrece incesantemente es nuestro tiempo… ¿no será acaso esa, el tiempo, nuestra dimensión esencial?

lunes, 9 de marzo de 2020

Spinoza

¡Hola a todos!

Hoy hablaré un poco sobre Spinoza, su vida y su ideología.

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Su familia llegó a Holanda desde la Península Ibérica para escapar de la Inquisición, fue educado en el saber judío, pero se encontró con que le era imposible seguir siendo ortodoxo. Vivió tranquilamente en Amsterdan y La Haya, ganándose la vida puliendo lentes. Murió a los 46 años, de tisis. 

Su obra principal “Ética” fue publicada póstumamente. En ella trata de tres materias, comienza con la metafísica, que es una modificación de la de Descartes. Continúa con la psicología, que tiene reminiscencias de Hobbes. Finalmente y como producto de ambas formula una ética que es original y lo más valioso del libro.

Descartes era un hombre polifacético, lleno de curiosidad intelectual, pero no estaba muy abrumado por la seriedad moral, Spinoza, aunque no dejaba de tener interés por la ciencia, se sentía atraído por los problemas religiosos y morales. Aceptó de Descartes y sus contemporáneos una física materialista y determinista y trató, dentro de la estructura de esta, de hallar un lugar para el respeto y la vida consagrada al Bien. El sistema metafísico de Spinoza es como el iniciado por Parménides, hay solo una sustancia <<Dios o Naturaleza>> y nada finito subsiste por si mismo. Descartes admitía tres sustancias: Dios, espíritu y materia, nada de esto valía para Spinoza, según él pensamiento y extensión eran atributos de Dios, que también tiene un número infinito de otros atributos desconocidos para nosotros. Las almas y los trozos separados de la materia no son cosas, son para Spinoza aspectos del Ser divino. No existe la inmortalidad personal en la que creen los cristianos, sólo aquella inmortalidad que consiste en hacerse más y más uno con Dios. Las cosas finitas se definen por sus límites, sean estos físicos o lógicos. Sólo puede haber un Ser que sea totalmente positivo, y tiene que ser absolutamente infinito, de esta forma Spinoza nos arrastra a un panteísmo completo y sin atenuaciones.

Todo, según Spinoza, está gobernado por una necesidad lógica absoluta. No hay libre albedrío en la esfera mental, ni azar en el mundo físico. Todo lo que ocurre es una manifestación de la inescrutable naturaleza de Dios, y es, lógicamente, imposible que los acontecimientos fueran diferentes de lo que son. Sus críticos le planteaban entonces si eran buenas entonces acciones pecaminosas, y él contestaba que el mal que a nosotros nos parecen los pecados no existe cuando estos son contemplados como partes de un Todo. Según él, el entendimiento humano tiene un conocimiento adecuado de la eterna e infinita esencia de Dios, pero las pasiones (emociones que brotan de ideas inadecuadas) nos distraen y oscurecen nuestra visión intelectual del Todo. Las acciones ilícitas son debidas a nuestros errores intelectuales, si pudiésemos ver el Universo como lo ve Dios y comprendiésemos totalmente nuestras circunstancias actuaríamos prudentemente y seríamos felices frente a lo que interpretamos como desgracias.

Spinoza considera al tiempo como irreal, cualquier cosa que ocurra forma parte del eterno mundo intemporal tal y como Dios lo ve, solo la ignorancia nos hace pensar que podemos cambiar el futuro, lo que ha de ser será, y para él el futuro está fijado de modo tan inalterable como el pasado, por eso la esperanza y el temor nacen de la falta de sabiduría ya que contemplan el futuro como algo incierto.

Cuando adquirimos, en la medida de lo posible, una visión del mundo análoga a la de Dios, lo vemos todo como una parte del conjunto e igualmente necesario para la bondad del Todo. Por consiguiente el conocimiento del mal es un conocimiento inadecuado. Dios no tiene ningún conocimiento del mal, porque no hay ningún mal que tenga que ser conocido, la apariencia del mal solo surge al considerar las partes del Universo como si fueran existentes por sí mismas.

El punto de vista de Spinoza propone liberar al ser humano de la tiranía del temor, vivió de conformidad con este precepto. Según se atestigua el último día de su vida estaba tranquilo, no exaltado, conversó con normalidad sobre asuntos de interés con varios de sus interlocutores, a sabiendas de que le rondaba la muerte. A diferencia de otros filósofos, no sólo creía en sus propias doctrinas, también las practicaba; no se sabe de ninguna ocasión, a pesar de grandes provocaciones, en la que se viera arrastrado a la cólera que su moral condenaba. En la controversia era cortés y razonable, sin molestar nunca, pero haciendo todo lo posible por persuadir. Vivió de 1634 a 1677 y probablemente fuera el más noble y amable de los grandes filósofos; al decir de los expertos intelectualmente algunos le han superado, pero éticamente fue de los supremos.

Biografía

Historia de la filosofía antigua-Editorial CSIC
Filosofía Eidos-Editorial vicens-vives de José Barrio y Octavio Fullat
Apuntes de filosofía de Manuel Otero CEI Gijón
Filosofía para COU-Manuel de la Cera CEI Gijón