Hoy hablaré un poco sobre Spinoza, su vida y su ideología.

Su familia llegó a Holanda desde la Península Ibérica para escapar de la Inquisición, fue educado en el saber judío, pero se encontró con que le era imposible seguir siendo ortodoxo. Vivió tranquilamente en Amsterdan y La Haya, ganándose la vida puliendo lentes. Murió a los 46 años, de tisis.
Su obra principal “Ética” fue publicada póstumamente. En ella trata de tres materias, comienza con la metafísica, que es una modificación de la de Descartes. Continúa con la psicología, que tiene reminiscencias de Hobbes. Finalmente y como producto de ambas formula una ética que es original y lo más valioso del libro.
Descartes era un hombre polifacético, lleno de curiosidad intelectual, pero no estaba muy abrumado por la seriedad moral, Spinoza, aunque no dejaba de tener interés por la ciencia, se sentía atraído por los problemas religiosos y morales. Aceptó de Descartes y sus contemporáneos una física materialista y determinista y trató, dentro de la estructura de esta, de hallar un lugar para el respeto y la vida consagrada al Bien. El sistema metafísico de Spinoza es como el iniciado por Parménides, hay solo una sustancia <<Dios o Naturaleza>> y nada finito subsiste por si mismo. Descartes admitía tres sustancias: Dios, espíritu y materia, nada de esto valía para Spinoza, según él pensamiento y extensión eran atributos de Dios, que también tiene un número infinito de otros atributos desconocidos para nosotros. Las almas y los trozos separados de la materia no son cosas, son para Spinoza aspectos del Ser divino. No existe la inmortalidad personal en la que creen los cristianos, sólo aquella inmortalidad que consiste en hacerse más y más uno con Dios. Las cosas finitas se definen por sus límites, sean estos físicos o lógicos. Sólo puede haber un Ser que sea totalmente positivo, y tiene que ser absolutamente infinito, de esta forma Spinoza nos arrastra a un panteísmo completo y sin atenuaciones.
Todo, según Spinoza, está gobernado por una necesidad lógica absoluta. No hay libre albedrío en la esfera mental, ni azar en el mundo físico. Todo lo que ocurre es una manifestación de la inescrutable naturaleza de Dios, y es, lógicamente, imposible que los acontecimientos fueran diferentes de lo que son. Sus críticos le planteaban entonces si eran buenas entonces acciones pecaminosas, y él contestaba que el mal que a nosotros nos parecen los pecados no existe cuando estos son contemplados como partes de un Todo. Según él, el entendimiento humano tiene un conocimiento adecuado de la eterna e infinita esencia de Dios, pero las pasiones (emociones que brotan de ideas inadecuadas) nos distraen y oscurecen nuestra visión intelectual del Todo. Las acciones ilícitas son debidas a nuestros errores intelectuales, si pudiésemos ver el Universo como lo ve Dios y comprendiésemos totalmente nuestras circunstancias actuaríamos prudentemente y seríamos felices frente a lo que interpretamos como desgracias.
Spinoza considera al tiempo como irreal, cualquier cosa que ocurra forma parte del eterno mundo intemporal tal y como Dios lo ve, solo la ignorancia nos hace pensar que podemos cambiar el futuro, lo que ha de ser será, y para él el futuro está fijado de modo tan inalterable como el pasado, por eso la esperanza y el temor nacen de la falta de sabiduría ya que contemplan el futuro como algo incierto.
Cuando adquirimos, en la medida de lo posible, una visión del mundo análoga a la de Dios, lo vemos todo como una parte del conjunto e igualmente necesario para la bondad del Todo. Por consiguiente el conocimiento del mal es un conocimiento inadecuado. Dios no tiene ningún conocimiento del mal, porque no hay ningún mal que tenga que ser conocido, la apariencia del mal solo surge al considerar las partes del Universo como si fueran existentes por sí mismas.
El punto de vista de Spinoza propone liberar al ser humano de la tiranía del temor, vivió de conformidad con este precepto. Según se atestigua el último día de su vida estaba tranquilo, no exaltado, conversó con normalidad sobre asuntos de interés con varios de sus interlocutores, a sabiendas de que le rondaba la muerte. A diferencia de otros filósofos, no sólo creía en sus propias doctrinas, también las practicaba; no se sabe de ninguna ocasión, a pesar de grandes provocaciones, en la que se viera arrastrado a la cólera que su moral condenaba. En la controversia era cortés y razonable, sin molestar nunca, pero haciendo todo lo posible por persuadir. Vivió de 1634 a 1677 y probablemente fuera el más noble y amable de los grandes filósofos; al decir de los expertos intelectualmente algunos le han superado, pero éticamente fue de los supremos.
Biografía
Filosofía Eidos-Editorial vicens-vives de José Barrio y Octavio Fullat
Apuntes de filosofía de Manuel Otero CEI Gijón
Filosofía para COU-Manuel de la Cera CEI Gijón
Buena entrada. Un detalle: el término "ideología" tiene connotaciones negativas, mejor "pensamiento".
ResponderEliminarSaludos